El único sector peligroso de la etapa discurre por el arcén de la PO-308 tras bajar del monasterio de Poio. Son 100 m sin acera (el resto de los tramos compartidos disponen de ella) y con un tráfico intenso.
Etapa 1E: Pontevedra - A Armenteira | Al Loro
A lo largo del día encontraremos numerosas áreas de recreo, algunas panorámicas o al borde de la ría, para descansar y comer. | |
Hay algunos tramos que pueden resultar incómodos, como la subida a San Pedro de Campañó y, sobre todo, el ascenso de Combarro al monte Redondo, con algunas rampas imposibles, Resulta peor todavía la llegada a Armenteira, donde se exige poner pie a tierra. Quien desee un recorrido prácticamente llano puede cambiarse, en Combarro, al Camino del Padre Sarmiento. | |
La ría de Pontevedra, a pesar de una gran fábrica de celulosa entre Pontevedra y Marín, posee indudables valores naturales. Entre ellos cabe citar las islas de Tambo, próxima a Combarro y cubierta de bosque, y en la boca las islas de Ons y Onceta, que forman parte del Parque Nacional das Illas Atlánticas. | |
En el templo monástico se encuentra la tumba de una santa de extraño nombre: Trahamunda. Su leyenda indica que siendo monja en el cenobio existente en la isla de Tambo (s. VII), fue secuestrada por piratas moros, mal asunto, y llevada cautiva a Córdoba. Pero era tanto el deseo de regresar a su tierra, que once años después un ángel la trasladó por los aires de vuelta, y como testimonio portó una palmera cordobesa que fue plantada aquí. | |
El monasterio benedictino, hoy mercedario, además de su sobria arquitectura renacentista y barroca (iglesia y dos claustros), posee un par de curiosidades: la primera un hórreo que, si bien con sus 33,46 m no es el más largo de Galicia, sí el que tiene más capacidad en su ancha cámara, sostenida por 51 pies dispuestos en tres hileras; la segunda, una colección de mosaicos, fruto de la escuela de musivaria aquí instalada, que incluye uno enorme, suma un millón de teselas, ¡dedicado al Camino de Santiago! (es obra del checo Antoine Machourek). | |
Suele pasar desapercibido el camino adoquinado que sube a la izquierda y rodea el colegio. Atención. | |
Al llegar a Combarro, además de las señales de la Variante Espiritual, veremos otras de la Ruta del Padre Sarmiento, que pueden provocar confusión al representar un peregrino con su flecha amarilla. Este recorrido es puramente costero, y por lo tanto mucho más largo para llegar a Vilanova de Arousa, ya que pasa por Sanxenxo y por Cambados. No está tan pensada para peregrinos, y alarga el trayecto en una jornada. | |
Dos navieras ofrecen, en temporada alta, la posibilidad de conocer la isla de Tambo. Es preciso reservar con antelación la visita. | |
Se trata de uno de los pueblos marineros más bellos y famosos de Galicia, con sus viviendas de arquitectura popular, agrupación de hórreos (un total de 66) y eras, cruceiros… En temporada alta suele estar abarrotado de turistas. No obstante, conviene darse un paseo por sus calles desviándonos del Camino: al menos ida y vuelta desde la Praza da Fonte al puerto de A Chousa. | |
Un vecino ha dispuesto, en el centro de la aldea, un congelador con bebidas frescas de donativo y un libro de visitas. ¡Se agradece! | |
El alojamiento puede resultar problemático por la escasez de plazas del albergue, que en invierno cierra dos meses y medio. La alternativa puede ser la hospedería monástica de las monjas, aunque sus precios no son para peregrinos, y en temporada alta suele estar llena. | |
No os perdáis un merecido descanso en la terraza del bar O Comercio, donde sirven unos superbocadillos que llegan para dos personas. Frente a ella, en A Fonte sirven raciones y comidas caseras. | |
El monasterio de Santa María, fundado a mediados del siglo XII, sobresale por su iglesia de tres naves, arquetipo de la sobriedad bernarda (bello rosetón y cúpula de raigambre mudéjar en el crucero), y posee un claustro del siglo XVI con bóvedas estrelladas. | |
La leyenda relata que el abad San Ero de Armenteira —como Virila en el monasterio navarro de Leire— pasó 300 años escuchando en el bosque, junto a una fuente, el canto de un pajarillo; al regresar a la casa nadie lo reconocía. Aprendió, así, que la eternidad no puede ser aburrida. El texto aparece en la cantiga CIII de Santa María, de Alfonso X el Sabio: “Tanto placer le daba oír aquel cantar, que hasta trescientos años así se estuvo, o más, cuan si tan solo un rato allí fuera a pasar”. ¡Cuidado con los cantos de los pajarillos…! |